En los túneles,
minas y obras subterráneas en general, la presencia de agua
crea considerables problemas, tanto durante las distintas fases
de construcción como a lo largo de la vida de la obra.
Los riesgos provocados por la formación de charcos o hielo
en las pistas de tráfico rodado son de sobra conocidos. El
agua puede, además, provocar muchos otros problemas:
En túneles de ferrocarril
el agua es igualmente un peligro para las instalaciones, y en lugares
con temperaturas invernales muy bajas, la formación de hielo
llega a romper la vía carril por deformación y puede
producir tales disminuciones de gálibo que puede incluso
impedir el paso de trenes.
En cualquier obra subterránea,
las filtraciones de agua dañan los costosos equipos de control,
servicios y explotación, y frecuentemente las estructuras
de hormigón armado requieren un tratamiento especial para
evitar su descalcificación y posterior expansión por
oxidación de armaduras.
Los sistemas convencionales de impermeabilización
resuelven técnicamente muchos de estos problemas, pero sus
costos alcanzan cifras generalmente demasiado elevadas. Ello se
pone de manifiesto, sobre todo, cuando se presentan dificultades
especiales tales como fuertes filtraciones de agua durante la aplicación
de la impermeabilización, condiciones climatológicas
extremas, adaptación a superficies muy irregulares con deformaciones
notables, e incluso necesidad de impermeabilización después
de haber sido finalizada la obra.